Mirador Zigurat – el Garxal – desembocadura del Ebro

Pasadas las ocho y media de la mañana del pasado sábado, una corrua de coches nos dirigíamos hacia Riumar desde Amposta para iniciar allí la salida de este mes de marzo. Ante nosotros una niebla espesa cubría el horizonte. No estamos muy acostumbrados a tanta niebla aquí en el Delta y quizá por eso íbamos pensando si acabaría desapareciendo y nos dejaría ver el paisaje o deberíamos andar como quien dice a tientas.

Hemos hecho la reagrupación ante el camping del Aube y hemos ido hacia el Muntell de les Verges a iniciar la ruta. Hoy nos acompañaban socios y socias que pronto harán el Camino de Roncesvalles en Logroño, por eso hemos querido empezar expresamente en el Muntell porque es aquí donde comienza el Camino del Ebro. Desde esta de una de 4 metros de altura, el lugar más elevado del Delta, hemos visto la niebla pasearse sobre el río, pero decidida a fundirse cuando el sol le tomara el relieve.

La primera parada ha sido en el mirador del Zigurat. Un Zigurat es un templo de la antigua Mesopotamia que tiene forma de una torre escalonada, tal y como está construido el mirador. Desde arriba veíamos el río avanzar hacia su final, ahora sí, con el cielo bastante despejado.

Ahora unos ahora otros, todos hemos querido gozar del privilegio de poder contemplar desde lo alto del templo la majestuosidad de nuestro río. Después hemos continuado por caminos arenosos hacia el mirador del Garxal. Garxal es una laguna que se encuentra a la izquierda de la desembocadura y que gracias a la entrada de agua dulce tiene un ecosistema rico en especies de flora y fauna. Hemos aprovechado para parar unos minutos para observar los pájaros y las aves que se esconden entre los islotes de la laguna.

Un poco antes de la playa de Riumar hemos desayunado y seguidamente hemos emprendido el trayecto junto al mar hacia la confluencia del río con el mar. Todo el camino, tanto de ida como de vuelta, ha sido una joya para los sentidos. Espectaculares colonias de flamencos junto a la costa. Contraste de colores. Serenidad.

Para los que nunca habíamos estado en la desembocadura propiamente dicha ha sido un descubrimiento. Ver cómo se mezclan las aguas es extraordinario; es algo natural, es cierto, pero a la vez curioso y sorprendente. Costaba irse porque el lugar invitaba a curiosear ante la naturaleza como rara vez hacemos.

Pero hemos tenido que deshacer el camino hasta Riumar. Y después de una mañana soleada y con bastante calorcito tocaba comer y recuperar fuerzas.

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