Final de Temporada en la Vall d’Aran

Este año la salida de final de temporada ha estado casi de tres días. Y justo es decir que ha sido una buena pensada, porque este poco de tiempo de más (una tarde) nos ha permitido de hacer una buena inmersión en el extraordinario entorno que nos ofrece el Valle de Aran.

Un autobús con 61 personas salíamos de Amposta a las 15 h del viernes y poco después recogíamos los compañeros de Santa Bàrbara y Tortosa para poder llegar a Vielha a la hora de cena, si nada se torcía, como efectivamente fue.

La poca lluvia que nos sorprendió al llegar y la primera comida todos juntos ya fue una cata del que vendría los otros dos días, sin tener en cuenta, pero, el más gratificante para los sentidos y para el espíritu: la caminata de sábado hasta el santuario de Montgarri.

Con un tiempo espléndido empezamos el recorrido en el Pla de Beret, justo donde nace el Noguera Pallaresa y lo seguimos hasta el emblemático santuario situado en el extremo nordeste del Valle de Aran, al límite con el Pallars Sobirà y el Arieja. Fue un largo paseo de unas tres horas, a la ida por el sendero, ancho y cómodo, para poder disfrutar de las cumbres nevadas del alrededor y de la inmensidad de los prados, y a la vuelta por un frondoso bosque, siempre con el sonido de las aguas del río ahora a la izquierda ahora a la derecha.

Nos recuperamos del cansancio con un muy sabroso almuerzo en Arties y completamos la jornada con la visita guiada (por cierto, una explicación completísima) a las iglesias románicas de Arties y Salardú.

La lluvia que empezó a caer hacia las nueve de la tarde no impidió que muchos aprovechases las últimas horas del día para salir y disfrutar de las propuestas que les ofreció la capital del Valle de Aran.

Y continuó lloviendo toda la noche, con rayos y truenos, lo cual ya hacía prever que domingo no haría un tiempo adecuado para cumplir nuestros propósitos. Aun así, pudimos dar un paseo de ida y vuelta por dentro del bosque, desde Arties hasta Gessa, con la suerte esquivar el agua apenas llegando a Gessa y esperar para volver cuando ya había pasado el chubasco. Fue una alternativa ideal en un tiempo tan inestable.

Nos quedaba una última comida, que saboreamos entre risas y conversaciones de los amigos y compañeros.

Un año más hemos cerrado la temporada con una salida llena de descubrimientos y de buenos momentos compartidos con familiares, amigos y compañeros.

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